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Diario de la semana de la pelea Davis vs García: Segundo día

Tal vez fiel a su estilo, Ryan García asistió a los entrenamientos públicos para los boxeadores de la cartelera en el MGM Grand, y Gervonta Davis, a pesar de las sugerencias de que lo haría, no lo hizo.

En muchos aspectos, en su ausencia - se dijo que Davis estaba simplemente en otro lugar en el MGM - estaba en buena compañía. El prometedor David Morrell Jr. tampoco asistió porque -como es casi seguro que hará Davis si no lo ha hecho ya- supuestamente había perdido su vuelo.

Aunque García se arriesgó a repetir gran parte de lo que dijo el martes a su llegada, al hacerlo ofreció una visión potencialmente interesante de su estado de ánimo. Al hablar de nuevo de su fe y recordar así a su público su sentido de la espiritualidad, resulta tentador concluir que gran parte de su confianza en derrotar a Davis está ligada, simplemente, a su confianza en la comprensión de su fe.

Mientras Bektemir Melikuziev hablaba, a través de un intérprete, al público presente sobre su revancha con Gabriel Rosado, los responsables de Showtime se preparaban para la llegada de un invitado no anunciado previamente. El presentador de Showtime, Ray Flores, se concentró en llenar el tiempo de emisión hasta que, ante el entusiasmo del público, el fotogénico García bajó las escaleras, seguido de su séquito obligatorio, y subió al improvisado cuadrilátero.

Aunque hablaba con confianza, más que un boxeador parecía un ídolo adolescente promocionando su último, y presumiblemente espantoso, éxito. Parecía relajado y cómodo hasta su repentina salida, habiéndose asegurado de seguir siendo relevante -no es que necesite intentarlo- cuando se acerca la noche más importante de su vida.

Tal vez de forma acertada, también son frecuentes las insinuaciones sobre hasta qué punto la pelea del sábado ha trascendido a la comunidad de famosos. Nada menos que Mike Tyson ha confirmado su asistencia, y se dice que Mark Wahlberg y Mario López podrían estar entre los asistentes. También se ha dicho que se espera a muchos de los músicos que han actuado recientemente en Coachella (California), así como a numerosos jugadores inactivos de la NFL, en un momento en el que también cabe esperar que se utilicen las agendas de contactos de Al Haymon, de la PBC, otrora tan influyente promotor musical, y de Stephen Espinoza, de Showtime, un veterano de la alfombra roja.

Que la pelea del sábado no compita con la temporada de la NFL, ni con la March Madness de la NCAA -de baloncesto universitario- ha contribuido sin duda a su potencial para atraer a un público más amplio y de mayor perfil.

La conclusión quizá inevitable es que gran parte de ello se lo debe todavía a Floyd Mayweather. Más allá de ser un boxeador tan destructivo, y del hecho de que, perversamente, la notoriedad que ha adquirido por una sucesión de incidentes desagradables fuera del boxeo ha realzado su perfil y, en muchos aspectos, su atractivo, la asociación a largo plazo de Davis con Mayweather es la principal razón de que tenga tantos seguidores.

Años después de su último combate digno de mención, y a pesar de haberse separado de Davis el año 2022, Mayweather, cuya conducta igualmente cuestionable fuera de su carrera tampoco perjudicó mucho su popularidad, sigue dando forma al más alto nivel de su deporte.